Descifrando la información contenida en los peces de Marruecos (Parte II)

Con la frustración de no haber pescado las truchas deseadas y con el consabido bocata de sardinas, atún o caballa (tres opciones con dos variantes picantes o no), emprendimos viaje hacia el río Sidi Hamza. No sin antes aprovechar para pescar en el río Moulouya, uImagen 1n río que por su fondo limoso, aguas turbias y profundas, siempre es difícil de muestrear y que este año con las aguas mucho más bajas parecía una buena opción intentarlo. Después de una busqueda infructuosa nos dirigimos a la parte más profunda del río que sirvió para constatar que todos los vadeadores de goma estaban pinchados. Esto no sólo supone la incomoda sensación de ir mojados, si no que da lugar a que la electricidad se haga sentir, subiéndose curiosamente los gemelos de mis dos piernas cada vez que hacía uso del pulsador de corriente. Si a estas incomodidades se le une la poca visibilidad y la sensación de que aquel fondo limoso patina, con la enorme probabilidad de ir a parar al fondo del lecho del río, se puede comprender lo contentos y felices que nos pusimos al capturar las dos especies que buscabamos (Luciobarbus moulouyensis y Carasobarbus fritschii).

Imagen 2El siguiente lugar de muestreo, la Zaouia de Sidi Hamza, es un sitio histórico depositario de la biblioteca Alayachiya con más de 5.000 libros y 1.500 manuscritos antiguos, que siempre dejo para ver en algún viaje de placer a Marruecos, que nunca llega.

El río Sidi Hamza es un afluente del Ziz, un río que desaparece en las arenas del desierto. Es un río estrictamente protegido en el que ya hemos pescado en otra ocasión, pero del que necesitamos más muestras genéticas. Aunque teníamos las autorizaciones pertinentes hasta primeros de noviembre para pescar. Nos levantamos muy temprano ya que en la vez precedente hubo que dar muchas explicaciones al agente forestal, lo que dificultó de alguna manera nuestro trabajo.

Imagen 3Imagen 4Una tormenta de arena nos retrasó algo, pero el río sin la fuerte corriente de primavera ofrecía unas inmejorables condiciones que aprovechamos. A pesar de esos nervios, que los que me conocen, saben que desarrollo sobre el terreno, abroncando a cualquiera que falle en el muestreo, pudimos pescar todas las muestras necesarias. Se trata de unas truchas de coloración particular con pintas rojas y negras de pequeño tamaño sobre las que se sobreponen grandes manchas oscuras de forma regular.

Imagen 5Con el éxito en el bolsillo nos dirijimos en un largo viaje hacia el nacimiento del río Dades, en una pintoresca carretera por el valle de las rosas y, antes de subir a los peligrosos puertos que suben a Imilchil, nos desviamos para pescar unas truchas muy codiciadas por otros grupos de investigación europeos. Su interés es debido a que los estudios genéticos incipientes las situan en la base de los árboles evolutivos, estando muy distantes genéticamente de otras poblaciones de truchas. Nosotros no tuvimos muchas dificultades en consenguir esos individuos que son muy parecidos a los de Sidi Hamza pero con las manchas oscuras distribuidas irregularmente.

Por último, fuimos a buscar unas truchas de las que habíamos oído hablar pero que no conocíamos su localización exacta ya que se encuentran en la cabecera del río M’Goum, un valle paralelo al Dades y que como él pertenece a la cuenca del río Dra, el cual desemboca en el Atlántico cerca de la antigua frontera del Sahara.

Así que nos decidimos a ir subiendo y preguntando caminos hasta llegar ya anochecido a la parte más alta del río M’Goum en unas gargantas de gran belleza. El albergue en el que nos alojamos no disponía de cama ni agua corriente pero nos atendieron con amabilidad y nos dieron un excelente desayuno al amanecer a base de pan, aceite, mantequilla líquida y huevos duros.

Nos advirtieron que una riada hacía pocos días había eliminado la población de peces. En cualquier caso descendimos al río y después de caminar una hora por el río capturamos más de 30 individuos de barbos (L. magniatlantis) pero ni rastro de truchas. De vuelta y ya en el pueblo, nos comentaron que para encontrar las truchas debíamos avanzar otras tres horas más en mula y nos advirtieron del peligro de una garganta tan estrecha que en caso de tormenta se convierte en una ratonera. No tuvimos tiempo de comprobarlo ya que teniamos que volver a Rabat a realizar las gestiones administrativas.

En definitiva: volvimos enfermos, nos falta por pescar una población de interés que puede proporcionar datos sobre la adaptación a ambientes fluctuantes e impredecibles, gastamos muchos recursos de nuestros propios salarios, pero como si se tratara de la novela de Nigel Barley (el antropólogo inocente), debemos decir que el 17 de noviembre volveremos para ir con las mulas a buscar esas truchas desconocidas del alto Atlas de Marruecos.

Imagen 10Ignacio Doadrio, investigador del CSIC en el Departamento de Biodiversidad y Biología evolutiva del MNCN.

Fotos P. Garzón-Heydt e I. Doadrio

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