Viaje a Colombia: Azul, rojo y gris, el desierto de la Tatacoa

¡Hola de nuevo! Queríamos compartir con todos vosotros algunas fotos de nuestra visita al desierto de la Tatacoa, un lugar maravilloso moldeado a lo largo de siglos por el clima y el hombre que está ubicado en el valle del Magdalena, entre las cordilleras central y oriental. Ana y yo nos unimos al viaje de prácticas que Eloisa Lasso organiza cada semestre con sus estudiantes (gracias Elo, una vez más, por dejarnos ser partícipes de tus quehaceres académicos).

El caso es que, a pesar de su apariencia, ¡el desierto de la Tatacoa no es un desierto! (llueve más de 1000 mm al año…¡más que en Madrid!), sino un bosque seco tropical. Su actual aspecto se debe, además de a las altas temperaturas y a las relativamente bajas precipitaciones, a la enorme presión humana que este enclave sufrió los siglos pretéritos, una sobre-explotación agrícola y ganadera que acabó, ya hace mucho tiempo, con sus suelos y su cobertura vegetal original. La Tatacoa es testigo de cómo la mano del hombre y su tendencia al uso irracional de los recursos naturales (¡incluso durante tiempos pre-colombinos!), puede llevar a un ecosistema a cruzar un umbral, un punto de no retorno a partir del cual nada puede ser igual. ¡El resultado es visualmente espectacular! pero también nos debe hacer meditar sobre las consecuencias de utilizar la naturaleza de forma poco sostenible como se vino haciendo en este lugar en el pasado por las tribus nativas.

Como podéis ver en las fotos, la mezcla de formas y colores que caracteriza a la Tatacoa se presta a fotos espectaculares. Tres colores predominan, el azul del cielo (aunque dio la casualidad de que nos llovió estos días), el rojo de la parte del desierto donde predominan las arcillas y el gris de la parte donde sólo hay arena y nada o muy poco crece. No sólo los colores, sino las formas que el agua, a través de la erosión, ha ido esculpiendo en las rocas y suelos, dejan un paisaje asombroso, fractal y muy estético. Sorprende de este enclave, aparentemente seco y pobre, ¡la gran riqueza tanto florística como animal que hemos encontrado! La cantidad, especialmente de aves, que podías observar con tan sólo estar quieto unos minutos, incluso cerca de las cabañas donde nos alojábamos, hace pensar que la escasa población humana que habita estas tierras vive hoy en perfecta armonía con la naturaleza que sus ancestros destrozaron.

Aquí os dejamos algunas fotos de nuestra experiencia. Dedico este post a mi sobrina Daniela, de tres años, a la que hecho muuuuucho de menos. ¡Sé que hubiésemos disfrutado juntos de los animalitos y la piscina!

Jorge Curiel Yuste, investigador del MNCN y experto en suelos. Fotos de Ana-Maria Hereş, Jorge Curiel Yuste y Andrea Paz.

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